Con la fresca brisa del Atlántico y el deslumbrante cielo azul que caracterizan a Lisboa, en unas vacaciones de verano en la capital portuguesa no pueden faltar las actividades al aire libre y la diversión. Reserva un hotel en la ciudad para asistir a los festivales de moda, descansar en la playa o cenar en una terraza en el barrio árabe de Alfama.

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    Relajarse en la playa

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    Cuando el calor aprieta en Lisboa, no hay nada como darse un chapuzón en el Atlántico. Sigue el ejemplo de los lisboetas y coge un tren a Cascais, una ciudad que invita al relax en sus plazas salpicadas de palmeras y sus tres playas. Te recomendamos que te quedes al menos hasta las 17:00 para presenciar la animada subasta de pescado en la lonja.

    Con sus residencias del siglo XIX y su famoso casino, la cercana localidad de Estoril está envuelta en una atmósfera más tranquila. También puedes coger un ferri para visitar las arenas doradas de la Costa da Caparica, un auténtico imán para los aficionados a la playa y al surf.

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    Cenar al aire libre

    • Alimentos

    En verano, no hay nada como cenar al aire libre Lisboa. Te sugerimos que pruebes unas sardinas recién asadas, a poder ser acompañadas de los toques cítricos de un refrescante vino verde, en las calles jaspeadas de rayos de sol del barrio árabe de Alfama. Aquí es habitual que los propietarios de restaurantes familiares deleiten espontáneamente a los clientes con fados conmovedores.

    Si quieres disfrutar de unas vistas inolvidables del castillo iluminado en la colina, haz un hueco para cenar en las sinuosas escaleras de la Calçada do Duque al atardecer. No muy lejos, en el Bairro Alto, puedes tomarte unas tapas antes de la cena en patios bellamente iluminados con velas. También vale la pena enfrentarse a la ardua tarea de conseguir una mesa en la terraza de Bonjardim, famoso por preparar el pollo asado con salsa piri-piri más sabroso de toda Lisboa.

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    Celebrar que es verano

    Siempre hay una excusa para pasárselo bien durante unas vacaciones de verano en Lisboa, ya sea un concierto de fado en el castillo bajo la luz de las estrellas o un desfile náutico en el Festival dos Oceanos, en el mes de agosto. Además, los fines de semana entre junio y septiembre se celebra BaixAnima, donde se puede asistir a espectáculos gratuitos de malabaristas y hábiles acróbatas.

    Durante las tres semanas que duran las Festas dos Santos Populares, los lisboetas celebran banquetes con abundante comida y bebida y engalanan sus hogares con guirnaldas de colores. La ciudad se convierte en una gran verbena callejera durante la Fiesta de San Antonio, cuando los lugareños regalan pequeñas macetas de albahaca (manjericos) con poemas para declarar su amor.

    foto por Kent Wang (CC BY-SA 2.0) modificada

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    Aprovisionarse para un pícnic

    • Alimentos

    Prepara una cesta para disfrutar de un pícnic a la sombra en los jardines botánicos de Lisboa o en alguno de los altos miradores de la ciudad. Vale la pena madrugar para comprar fruta fresca y pan recién horneado en el Mercado da Ribeira, una bonita construcción abovedada. Viaja en el tiempo hasta la década de 1930 en la Conserveira de Lisboa, donde, con todo el cariño del mundo, te envolverán en papel de estraza las latas de calamares, bacalao y atún.

    Desde 1860, Manuel Tavares es uno de los principales comercios especializados en productos portugueses. Vale la pena comprar el famoso queso de Azeitão, una variedad ligeramente picante a base de leche de oveja que suele venderse envuelta en muselina, así como chorizo de Alentejo y vinos de Douro, con mucho cuerpo.

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    Disfrutar de las noches de verano

    • Vida nocturna

    Los lisboetas suelen brindar por el verano con unas cervezas Sagres en los miradores con vistas a las siete colinas de la ciudad y en las alegres fiestas que se celebran en las callejuelas laberínticas del Bairro Alto. Comienza la tarde con unos densos chupitos de ginjinha (licor de guindas) mientras te refrescas a las puertas de A Ginjinha, junto a la plaza de Rossio. Cuando Lisboa empieza a animarse, uno de los lugares más recomendables es la terraza semioculta de Noobai Café, con vistas de los tejados hasta el río Tajo.

    A medida que la noche avance, probablemente te apetecerá tomar unas caipiriñas en el bar Portas Largas y mover el esqueleto en el frescor de la calle, o incluso tomar unas copas en Doca de Alcântara, junto al puerto deportivo.

    foto por Rosino (CC BY-SA 2.0) modificada

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    Explorar los alrededores de la ciudad

    Si el calor de Lisboa llega a agobiarte, puedes realizar una excursión de un día a Sintra, una ciudad montañosa cuyos palacios y jardines de fantasía sirvieron de fuente de inspiración a lord Byron. Pasea por los bosques salpicados de rocas hasta el Palacio Nacional da Pena, de estilo bávaro-manuelino, y las serpenteantes murallas del llamado castillo de los Moros.

    Cuando la temperatura acompaña, merece la pena visitar el animado puerto de Setúbal para realizar un paseo en barco por el estuario del Sado, donde pueden contemplarse numerosas cigüeñas y juguetones delfines nariz de botella. De vuelta en tierra firme, en los restaurantes con terraza de la avenida Luísa Todi podrás disfrutar de abundantes platos de chocos fritos acompañados de vino de Moscatel.

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